LA BARONESA LIBRERIA

Más allá de que existe una Ley de Cupo Sindical Femenino que establece un piso del 30 por ciento para la representación femenina en cargos electivos y representativos, la realidad revela que solo un 18% de esos cargos están ocupados por mujeres. Y de ese porcentaje, 3 de cada 4 se ocupan de temáticas consideradas “propias de la mujer”, como igualdad de género o servicios sociales.

Pero, como bien se dice en este libro, los sindicatos no son una excepción, no son más machistas que otros espacios. O lo son tanto como el resto de la sociedad. Y por las mismas razones tampoco pueden ser una excepción al momento histórico que se vive: la nueva ola feminista hoy también gana espacios allí, no en términos de competencia, sino para construir una representación sobre las características que asume la clase trabajadora actual.

Laura, Susana, Ana, Andrea, Graciela, Alicia, Claudia, Jackie, María Elena, Vanesa, Viviana, Virginia y María son las protagonistas de las historias que aquí se cuentan. Cada una a su manera aprendió a ser sindicalista en el camino. Su mayor o menor visibilidad se entrecruza con la marea verde, porque la revolución de las mujeres también llegó a los sindicatos. Y obliga al movimiento obrero organizado a replantearse su estructura, sus prácticas, sus representaciones.

¿Habrá llegado la “hora de las mujeres trabajadoras”? Para encontrar la respuesta, solo hay que levantar la vista y mirar las calles, las fábricas, las escuelas y cualquier lugar de trabajo. Sí, es ahora. Y no la para nadie.


La marea sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista, Tali Goldman

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Más allá de que existe una Ley de Cupo Sindical Femenino que establece un piso del 30 por ciento para la representación femenina en cargos electivos y representativos, la realidad revela que solo un 18% de esos cargos están ocupados por mujeres. Y de ese porcentaje, 3 de cada 4 se ocupan de temáticas consideradas “propias de la mujer”, como igualdad de género o servicios sociales.

Pero, como bien se dice en este libro, los sindicatos no son una excepción, no son más machistas que otros espacios. O lo son tanto como el resto de la sociedad. Y por las mismas razones tampoco pueden ser una excepción al momento histórico que se vive: la nueva ola feminista hoy también gana espacios allí, no en términos de competencia, sino para construir una representación sobre las características que asume la clase trabajadora actual.

Laura, Susana, Ana, Andrea, Graciela, Alicia, Claudia, Jackie, María Elena, Vanesa, Viviana, Virginia y María son las protagonistas de las historias que aquí se cuentan. Cada una a su manera aprendió a ser sindicalista en el camino. Su mayor o menor visibilidad se entrecruza con la marea verde, porque la revolución de las mujeres también llegó a los sindicatos. Y obliga al movimiento obrero organizado a replantearse su estructura, sus prácticas, sus representaciones.

¿Habrá llegado la “hora de las mujeres trabajadoras”? Para encontrar la respuesta, solo hay que levantar la vista y mirar las calles, las fábricas, las escuelas y cualquier lugar de trabajo. Sí, es ahora. Y no la para nadie.


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